La dehesa es quizá uno de los mejores modelos de sostenibilidad
humana a partir de conservar un sano equilibrio con el entorno aprovechando la
fauna, la flora y el clima nativos. Los ibéricos aprendieron hace ya muchos
siglos que si “limpiaban” ciertas regiones del bosque; es decir si dejaban
aquellos árboles que producen frutos y cortaban los competidores podían obtener
una producción mayor de frutos principalmente bellotas, al mismo tiempo creaban
claros artificiales donde los pastos podían crecer lo que dio paso a la cría de
ganado, porcinos y caprinos. El equilibrio del sistema depende de que exista
una cantidad adecuada de árboles los cuales además de producir frutos y ramoneo
para los animales evitan la erosión del suelo, mejoran sus propiedades físico químicas,
mantienen la humedad y preservan la diversidad de pastos.
El sistema de dehesas es un ejemplo de modelo de negocio con
múltiples fuentes de ingreso, por un lado la cría de animales y como
complemento el aprovechamiento forestal de árboles como el alcornoque para la producción
de corcho o la encina que además de ser maderable produce bellota y sus raíces favorecen
el crecimiento de setas silvestres.
En la dehesa tenemos algo así como un bosque domesticado y
adaptado al aprovechamiento humano, concepto que contrasta con los modelos agrícolas
y ganaderos modernos donde se destruye completamente el bosque lo que causa un
gran desequilibrio ambiental. Modelos como el de la dehesa merecen ser preservados;
pero además pueden ser la inspiración para combinar las prácticas agrícolas y
pecuarias con el aprovechamiento forestal de árboles nativos.
